Pegar, transformar, copiar
Todas las páginas de esta sección hacen lo mismo con formas distintas: coges un texto de un sitio, lo conviertes y te lo llevas a otro. Un JSON que llega en una sola línea y hay que leer. Un CSV que exportó Excel y necesita ir a una API. Un título que tiene que convertirse en la dirección de una página. Un texto copiado de un PDF que arrastra espacios invisibles.
Nada de eso sale de tu equipo. Las transformaciones ocurren en tu navegador, y es algo que conviene tener presente al revés: si pegas aquí el JSON de producción, no lo estás mandando a nadie, pero tampoco tienes por qué acostumbrarte a pegar cosas en páginas ajenas sin mirar.
Los detalles que rompen una conversión
Casi ninguna de estas operaciones es tan directa como parece. Un CSV español suele venir separado por punto y coma, porque la coma ya es el separador decimal, y por eso a veces las columnas salen desplazadas. Un JSON no admite comentarios ni una coma después del último elemento, que son los dos errores que más ficheros de configuración han dejado inservibles. Quitar tildes obliga a decidir qué se hace con la eñe, y convertirla en ene transforma «año» en otra palabra. Codificar en Base64 no cifra nada y engorda el contenido un tercio.
Cada página explica el suyo, porque son justo los sitios donde la gente se atasca.
Contar caracteres sigue importando
Aunque parezca cosa del pasado, hay límites que siguen mandando. Google recorta las metadescripciones alrededor de los 155 caracteres. Un SMS admite 160, pero baja a 70 en cuanto aparece una tilde que no esté en el alfabeto reducido de la norma GSM. Y casi cualquier campo de base de datos tiene un tope que alguien fijó hace años y nadie ha revisado.